Análisis

ANÁLISIS: La fantasía narco que busca el chavismo en la Isla La Tortuga

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ANÁLISIS: La fantasía narco que busca el chavismo en la Isla La Tortuga

«La Tortuga no aguanta la basura, el impacto de cientos de turistas lumpen de Moscú, que la utilicen como su prostíbulo y su Disneylandia con pena de muerte. Ya ven lo que pasa en Margarita, que ha devenido en una isla para Rusos, en la que los venezolanos somos ciudadanos de segunda».

Sergio Monsalve | OBSERVADOR LATINO

Ellos quieren ranchificar a la Tortuga, para fundirla y explotarla comercialmente, en beneficio de la mafia de los bolibobos.

La convertirán en un mural pirata de Yulimar, en una subsede del Hotel Humboldt, con acceso VIP para los que pagan los conciertos caros de artistas venidos a menos.

Será un invento de parque temático, como el último restaurante esnob de moda, para los que dicen que el país se arregló.

Próximo destino, naufragar como el resort de Lagunamar, como el Canódromo de Porlamar. De oasis a nuevo campo de concentración del dinero sucio, producto de las sanciones. Puerto libre de la estafa y de la memoria del saqueo de PDVSA.

De seguro veremos las primeras fotos de una delegación de figuras zombies de la farándula, que junto a una corte de influencers venecos, desfilarán en campamentos tan ridículamente ostentosos como el del Tepuy, del que ya nadie habla, porque mejor fingir demencia y pasar la página.

A esta Tortuga cringe rojita la enterrarán bajo una Duna de elefantes más blancos que los de Margarita en su época de esplendor como lavandería del Caribe.

Así que pinta para proyectarse como una ruina del futuro. Un desierto del no lugar común.

La tortuga cumplirá, de tal modo, con un proyecto turístico de los asesores cubanos y rusos del desgobierno: crear zonas de exclusión, como Varadero en Cuba, donde los venezolanos de a pie sean discriminados de facto por tema económico, pues da igual si usted es un maleducado o un corrupto de origen, un hombre de primitivas maneras al socializar.

No importa si usted habla golpeado, si no saluda al entrar a un ascensor(porque no lo educaron), si usted no sabe el nombre de Teresa Carreño(la pianista), si usted cree que solo importa con tener la camioneta, el cash y estilo de Toyobobo.

La Tortuga nueva rica limpiará su imagen por usted, a cambio de una vulgar transacción financiera en dólares, desde su paraíso fiscal de confianza hasta el hotel Dominicano fake que planean construirle, destruyendo su ecosistema ecológico.

A la Tortuga, por cierto, no hay que construirle nada. A la Tortuga hay que dejarla quieta y libre, independiente y autónoma, bajo su ley del mar, la sal y la arena.

Como mucho, invertir para que siga siendo un territorio medio virgen, que apenas podemos darnos el lujo de conocer por horas y días contados, llegando a sus costas en alguna embarcación.

La Tortuga no aguanta la basura, el impacto de cientos de turistas lumpen de Moscú, que la utilicen como su prostíbulo y su Disneylandia con pena de muerte.

Ya ven lo que pasa en Margarita, que ha devenido en una isla para Rusos, en la que los venezolanos somos ciudadanos de segunda.

Detrás de la operación de una “Tortuga potencia”, se esconde el esquema sectario de los nuevos ricos del PSUV.

En su mentalidad de cuartel, y de paranoicos más buscados, diseñan su prisión cinco estrellas del futuro, en la que puedan hacer sky, practicar kitesurf, bucear y emborracharse como una cuba, bajándose un frasco al día, a pico de botella, cual búnker de la película “El Hundimiento”.

En la suite los esperarán las prepagos, las chicas que misóginamente mutilaron y esculpieron en quirófanos, para que encarnen la fantasía criolla de la mujer explotada, sin cerebro, fácil de manipular, comprar y desechar.

En nuestra versión del califato de ISIS, los jeques pagan el harem y sueñan con levantar las Catar del mañana, evitando que los molesten los de la prensa y la corte penal internacional.

Pues así como meten preso a los chamos por sacar cámaras en Morrocoy, a los reporteros que osen informar de cómo va la cosa en La Tortuga, los desaparecerán y encarcelarán, acusándolos de esparcir el odio.

El odio que es el chantaje principal que se emplea, para mantener a todos los medios y periodistas del país en una línea de autocensura.

Pero el odio genuino es el de ranchificar a la Tortuga, es el de bodegonizarla, es el de usarla como pote de humo de los urgentes problemas actuales.

Con la mentira de la Tortuga, tapan el desastre humanitario del tapón del Darién, por ejemplo, así como la inflación africana del mes y la peladera en banda que se vive.

El caparazón de la Tortuga es blando y merece toda nuestra protección ecológica.

La conozco de sobra, no me la han contado. He visto como su bioma logra mantener su frágil equilibrio, a pesar del impacto humano.

He atestiguado como se traga a turistas ingenuos, que creen desafiarla con los deportes extremos.

A un chamo del kitesurf, lo salvamos de una caída aparatosa, próximo a ser víctima de su peligroso cruce de vientos. Lo rescatamos en un dingui, a una distancia kilométrica, y le devolvimos la vida.

La Tortuga no es el Yaque o Adicora. La Tortuga no juega. Es hermosa, pero impone su respeto.

Y merece quedarse como está.

No me la conviertan en un apartheid surafricano, al gusto de unos imitadores venecos de Pablo Escobar.

Este artículo fue publicado originalmente por Observador Latino, con el título ‘El hundimiento de La Tortuga: una fantasía narco al gusto de los patrones del mal‘.

 

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